jueves, 16 de agosto de 2012

En casa de la Virgen del Pilar




Zaragoza, España, 31 de Julio de 2012.


A los pies de María Santísima, Nuestra Señora del Pilar. Hace meses, se hizo el acuerdo de poder ayudar en la pastoral del Santuario del Pilar como confesor. La invitación la extiende el cabildo del santuario a sacerdotes estudiantes en Roma. El apoyo consiste especialmente en ofrecer horas de confesión al día, al lado de otros sacerdotes del lugar, pues es un santuario que todos los días abre sus puertas para peregrinos venidos de lejos y para los devotos de la misma ciudad; también se da la gracia de poder celebrar la santa misa en el Altar de la Virgen y en el Domingo celebrarla en el Altar mayor del Santuario (donde se contempla el bellísimo y grande retablo). Fue hermoso contemplar el aprecio y devoción a la Santísima Virgen, el querer ayudarse de su auxilio en el signo de una “cinta” de tela con la medida propia de la imagen de la Virgen (36 cms.) Ciertamente es una imagen pequeña, pero vaya que es grande su presencia en el corazón de sus hijos.
La duración del servicio en este Santuario fue de un mes, y correspondió al de Julio, que es especial por ser el mes en que celebro el aniversario de la ordenación sacerdotal. Por ello agradeciendo a Dios el don que me concedió, he visto su renovada consideración en otras gracias que he disfrutado: como el afecto y comunión de familiares y amigos a pesar de la distancia, en la oportunidad de haber celebrado la misa (la de gratitud) en el Altar de la Virgen y el haber conocido en día cercano el Santuario Mariano de Torreciudad.
La oportunidad de venir a Zaragoza (España) tuvo que ver con la experiencia de hace 18 años cuando hice el año de servicio pastoral en Zaragoza (Puebla). Y es que me pareció desde el principio una gracia y una confirmación en el aprecio a aquella Parroquia de gratos recuerdos y buenas amistades. No dudé en aceptar la invitación. La misma devoción a la Virgen une estos dos sitios además de compartir el nombre. En la Zaragoza de España se cuenta con una rica historia de fe que relaciona a Santos como el Apóstol Santiago, San Valero, San Bruno, Santo Dominguito (el niño mártir)….
Mientras duró la experiencia pastoral, estuve hospedado en el Colegio San Carlos, que es un sitio de hospedaje para sacerdotes mayores y para quienes de paso nos encontramos en la ciudad.
Hubo la oportunidad de conocer a detalle la ciudad de Zaragoza, sus plazas, sus  Iglesias, sus museos, su acuario.  Quizás debo decir, sentí un ambiente en la ciudad y su modo de vida similar al de Puebla.
Los días pasaron hasta cierto punto a prisa y terminó la bella experiencia de pastoral en este lugar. A María Santísima encomiendo el camino en el bien de esta Iglesia Particular, que al igual que muchas otras de la Europa, tiene necesidad de renovarse y confirmarse en el Evangelio del Señor.

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