Zaragoza,
España, 31 de Julio de 2012.
A
los pies de María Santísima, Nuestra Señora del Pilar. Hace meses, se hizo el
acuerdo de poder ayudar en la pastoral del Santuario del Pilar como confesor.
La invitación la extiende el cabildo del santuario a sacerdotes estudiantes en
Roma. El apoyo consiste especialmente en ofrecer horas de confesión al día, al
lado de otros sacerdotes del lugar, pues es un santuario que todos los días
abre sus puertas para peregrinos venidos de lejos y para los devotos de la
misma ciudad; también se da la gracia de poder celebrar la santa misa en el
Altar de la Virgen y en el Domingo celebrarla en el Altar mayor del Santuario
(donde se contempla el bellísimo y grande retablo). Fue hermoso contemplar el
aprecio y devoción a la Santísima Virgen, el querer ayudarse de su auxilio en
el signo de una “cinta” de tela con la medida propia de la imagen de la Virgen
(36 cms.) Ciertamente es una imagen pequeña, pero vaya que es grande su
presencia en el corazón de sus hijos.
La
duración del servicio en este Santuario fue de un mes, y correspondió al de
Julio, que es especial por ser el mes en que celebro el aniversario de la
ordenación sacerdotal. Por ello agradeciendo a Dios el don que me concedió, he
visto su renovada consideración en otras gracias que he disfrutado: como el
afecto y comunión de familiares y amigos a pesar de la distancia, en la
oportunidad de haber celebrado la misa (la de gratitud) en el Altar de la
Virgen y el haber conocido en día cercano el Santuario Mariano de Torreciudad.
La
oportunidad de venir a Zaragoza (España) tuvo que ver con la experiencia de
hace 18 años cuando hice el año de servicio pastoral en Zaragoza (Puebla). Y es
que me pareció desde el principio una gracia y una confirmación en el aprecio a
aquella Parroquia de gratos recuerdos y buenas amistades. No dudé en aceptar la
invitación. La misma devoción a la Virgen une estos dos sitios además de
compartir el nombre. En la Zaragoza de España se cuenta con una rica historia
de fe que relaciona a Santos como el Apóstol Santiago, San Valero, San Bruno,
Santo Dominguito (el niño mártir)….
Mientras
duró la experiencia pastoral, estuve hospedado en el Colegio San Carlos, que es
un sitio de hospedaje para sacerdotes mayores y para quienes de paso nos
encontramos en la ciudad.
Hubo
la oportunidad de conocer a detalle la ciudad de Zaragoza, sus plazas, sus Iglesias, sus museos, su acuario. Quizás debo decir, sentí un ambiente en la
ciudad y su modo de vida similar al de Puebla.
Los
días pasaron hasta cierto punto a prisa y terminó la bella experiencia de
pastoral en este lugar. A María Santísima encomiendo el camino en el bien de
esta Iglesia Particular, que al igual que muchas otras de la Europa, tiene
necesidad de renovarse y confirmarse en el Evangelio del Señor.
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