jueves, 16 de agosto de 2012

Comenzando el verano: Barcelona




Barcelona, España, 30 de Junio de 2012.


Grata ha sido la experiencia de estar en esta bella ciudad. La estancia de 4 días, me ha permitido disfrutar de la hospitalidad del Seminario Conciliar de Barcelona (prácticamente en el centro). Venir aquí, aunque sabía era de paso antes de llegar a la pastoral de verano en Zaragoza, tenía el propósito claro de conocer y sentir dos lugares especialmente: La Iglesia de la Sagrada Familia y el Santuario de Monserrat. Ambos lugares han sido una experiencia maravillosa, brevemente diré porque.
En el templo de la Sagrada Familia, hay un verdadero mensaje teológico. El arquitecto (hoy en proceso su causa de beatificación), ha procurado hacer arte pero sobre todo ha querido alabar a Dios y ayudar a quienes le buscan y mostrarlo a quienes no le conocen o buscan. Recorrer el lugar por algunas horas y en varias ocasiones es algo especial. El momento culmen a mi juicio ha sido participar en misa en la cripta y experimentar la vida de una Parroquia (que lo és) por las atenciones y el servicio que ahí prestan diferentes personas (servicio litúrgico, atención a peregrinos, explicación del lugar y presentación de la causa del posible beato “Gaudì”). No es un museo, no es simplemente una obra de arte, es una comunidad que se ve congregada ahí y predica el Evangelio y la fe en Cristo Jesús. El nombre es excelente: Sagrada Familia, pues es casa de los hijos de Dios, además de que es oportuno y necesario seguir presentando la verdad de la familia en estos tiempos (y en una España donde la institución familiar se ve muy afectada por nuevas leyes y una óptica adversa). Según explican ahí, falta mucho para terminar el edificio pero se tiene la fe y esperanza de alcanzar el final. Recordé la reflexión del Papa Benedicto que es aplicable a este templo y a muchos más en este Continente: “Europa no debe olvidar sus raíces cristianas… a través del arte (edificios, pinturas, esculturas, música) el hombre de este tiempo puede encontrarse con Dios”. Y es que de hecho todo el arte religioso tiene por fin mostrar la fe y conducir a ella. Una joven no católica que paseaba en el viejo Continente, después de visitar muchas ciudades y sus templos, al contemplar toda su belleza solo pudo exclamar: “es que solo es posible edificar estos templos por la fe de sus constructores”. Y no se equivocaba al pensarlo y decirlo, pero hemos de estar convencidos quienes formamos parte de las comunidades: “edificamos un edificio material en razón de formar uno espiritual, siendo Cristo la piedra angular”.
Monserrat. La Virgen negra. La Virgen de la Montaña serrada. Un monasterio de los benedictinos. La comunión entre monjes y fieles. Espacio de cultura, de oración y de fraternidad. Una “Escolanía”: el canto de alabanza, el canto espiritual de niños (canto de calidad que eleva el alma a Dios). Pude hacer la visita a este lugar, el día de la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. Haber participado en la Santa Misa Conventual, ha sido algo muy especial. En la celebración he sido guiado mediante los ritos  litúrgicos (a falta de saber el catalán), donde subrayo el valor de los cantos que ellos entonan y haber comido “pan sin levadura” (para los ministros, pues para los fieles es la “hostia que comúnmente conocemos). La visita a la Virgen de Monserrat es algo también hermoso. Pasar al Camerín y delante de ella, rezar un Ave María. Aprecio que es una de las imágenes bellas de la Virgen, tiene un estilo que comparte con otras como la de Torreciudad, de Loreto… es un regalo espiritual visitarle y amarle. Monserrat, comprende esta devoción mariana, pero se extiende a la espiritualidad benedictina, a la devoción del rosario y vía crucis en el monte, y al contacto con la naturaleza. Los servicios a quienes peregrinan aquí son buenos: transporte, alimentación, hospedaje. Confirmo que buscando a Dios y queriendo vivir la fe en Cristo, lo más seguro es caminar con María Santísima.
Pues Barcelona ha sido esto, además de los recorridos por el centro, conociendo otros templos (como el de Catedral, la Iglesia de Santa María del Mar…), avenidas y calles, el Tibidabo (el Templo Expiatorio), el Puerto Marítimo (y su Acuario), el Estadio del Equipo del Fut bol (y su tour).
A Dios gracias por esta experiencia y en el ánimo de conservar las bendiciones que me permite y aprovecharlas para continuar en su seguimiento.


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