Quiero
partir de 4 pequeños sucesos:
1.- En la Residencia
Sacerdotal donde vivo (llamado Colegio Tiberino), por diferentes espacios de la
Casa, se encuentran Imágenes de la Santísima Virgen. En estos días de Mayo, la
bella experiencia que propician las Religiosas que sirven en la Casa, es colocar
al lado de cada una de ellas un pequeño recipiente en el que se contienen:
“flores”.
2.- En días, pasados,
yendo en Peregrinación a San Giovanni Rotondo, a visitar al Padre Pío, además
de rezar el rosario en el camino, vimos la Película sobre la vida de este
Santo. Un momento crucial de la historia, es cuando su Mamá lo visita y poco
después muere. Dentro de la película es palpable el fuerte dolor que se suscitó
en el corazón de Padre Pío –si a esto sumar la experiencia de “la pasión” que
padecía el Santo, por aquello de los estigmas y desconfianzas de algunos-.
3.- En otro, espacio de
tiempo que pude aprovechar, he visto el documental “la ultima cima”, que
presenta la figura de un sacerdote de nuestro tiempo. Ya sería suficiente
decir, que es altamente recomendable verlo, pues ayuda a motivar nuestro
espíritu en la estima del Misterio de la Vocación Sacerdotal, pero me he fijado
además de todo (pues es también agradable conocer al otro personaje de la
historia que comparte la ‘ultima cima’) en la presentación física del disco,
pues ahí he encontrado “la oración de una Mamá que pide a Dios el don de un
hijo sacerdote”, oración escrita en el 1958.
4.- A un costado de la
Universidad a donde cada día voy a lecciones, está el Templo de San Agustín.
Ahí está el altar que conserva los restos de Santa Mónica. Sí, la Madre de San
Agustín. Sí, la mujer que obró de alguna manera la conversión de su hijo. Sí,
la mujer que además de coraje, valor… amor por un hijo, poseyó el don de la
paciencia y perseverancia gracias a su fe en Dios.
Si visitar este altar es
una maravilla, no menos haber visitado días atrás otro altar con una historia
semejante: el de Santa Rita de Casia, cuya fiesta es este 22 de Mayo. La Patrona
de las causas imposibles, por aquello del esposo e hijos con los cuales batalló
para acercarlos a Dios y a la Vida Eterna, algo que también consiguió.
Como
se pueden dar cuenta, el factor o elemento común es hablar de la presencia de
“Mamá”.
Siendo
este mes dedicado a la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre Nuestra.
Siendo que en este mes de Mayo, celebramos un día -que encierra el resto de
días de nuestra existencia humana- donde nuestra mamá es el centro de nuestra
consideración.
Sería
un acierto en nuestra vida, además de agradecer a Dios el don de Mamá, el
encomendarle a la Providencia Divina. Sea desde una posición subjetiva –por la experiencia del compartir y convivir
con nuestra Madre a lo largo de los años que tenemos y por todo lo vivido,
bueno y malo- que objetiva –por el
solo hecho de que estamos aquí gracias a Ella- hoy debemos y queramos
comulgar en el amor con Ella. Vivamos la “bendita correspondencia” del amor
humano, donde se va y se retorna, se da y se recibe, se ama y se es amado.
Sería
además un acierto en nuestra vida cristiana, fortalecer la verdad de nuestra
devoción a la “Madonna” –en su perfecta connotación: La Virgen, Nuestra
Señora-. ¡Vaya regalo que dispuso Dios para nosotros! contar con el amparo,
protección, cuidado, guía, compañía… amor de una Madre del Cielo.
Si
el modo en que puedo decir este mensaje es este y solo este: “como un hijo” –un
varón que experimenta el amor de unas Madres (una a la derecha de Dios y otra,
aquí gracias a Él)-: ¿Qué puede decir, quien ha recibido el don de la
maternidad? ¿Cómo expresa su experiencia quien es Madre? Una Madre está
dispuesta a todo por un hijo –y hemos de entender, dispuesta a todo el bien
posible (sacrificio por amor)- ¿y si el hijo, la familia, el esposo no corresponden?
¿Este amor tan grande, no tendrá una razón superior, aquello que sobrepasa toda
comprensión humana, y que llamamos Dios? ¿Habrá una finalidad a la que tiende
el amor de una madre, que sea mayor que esperar una larga vida para sus hijos,
la unidad de ellos aquí, una vida ‘desahogada’, una profesión, etc.? ¿Cómo nos
puede iluminar la presencia de María Santísima, al lado de su Hijo Jesucristo
–algo trascendental- y también al lado de la Iglesia y de cada uno de nosotros?
Para
mí, sería interesante saber respuestas concretas a estas inquietudes. Pero más
valioso sería para mí reconocer en la vida de cada Madre y por ella de su
Familia, que este don maravilloso de la maternidad es aceptado, aprovechado y
que está produciendo el ciento por uno.
Mientras,
oremos y encomendémosles al Señor. Que María, nunca nos deje solos y como
verdadera Madre, haga que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Amen. Angelito, yo creo que el AMOR de una madre es lo máximo y de este amor nacen todos los dones, que para mi el mayor don que poseen las mamás es el de la paciencia!!! que es admirable. Ya vi el documental o pelicula, esta muy padre!!gracias por compartirla. gracias por ser sacerdote y gracias por ser mi amigo!!!
ResponderEliminarYo como madre creo que es un gran don.ser colaboradora directa de Dios para poder dar vida , es lo más maravilloso del mundo y el amor más parecido al que Dios nos tiene, lo soporta todo sin esperar nada a cambio
ResponderEliminarTe agradezco muchísimo Isabel, la verdad que tus "pequeños" son bellos dones de Dios, y Ustedes como Padres, en especial tú, deben amarles y mostrarles el camino y verdad del amor. Que ellos aprendan a dar gracias por su vida al Señor y sepan desde ahora responderle y así compartir con Él la feliz eternidad. Dios siga bendiciéndote y seas feliz como Madre y Esposa.
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