domingo, 27 de mayo de 2012

Vigilia de Pentecostés




Roma, 26 Mayo 2012.
Vísperas de la Solemnidad de Pentecostés

Hoy fui invitado a participar de la Santa Misa, donde fueron instituidos como Lectores, cinco jóvenes seminaristas de Puebla que estudian su teología aquí en Roma. Puedo decir como testigo de este momento, que el ambiente era agradable, cual comienzo de la grande fiesta de Pentecostés.
Presidió la Santa Misa Mons. Giuseppe De Andrea (hombre anciano pero lleno de gusto por testimoniar su fe), quien nos ayudó extraordinariamente a gozar esta celebración. En varios puntos describo y comparto mi experiencia:

1.- Como nunca vivo esta fiesta de Pentecostés –y es el comienzo, ya que este domingo la Misa es en San Pedro con el Papa-, pues entorno a un sucesor de los apóstoles hemos orado como Iglesia, seguros además de la presencia de María Santísima con nosotros (por cierto Capilla del Colegio Mater Ecclesiae). Ciertamente los textos de la Palabra y las oraciones de la Misa fueron en italiano, pero la Comunidad se integraba de hermanos de todos los continentes del mundo, donde muchas Iglesias Particulares estaban representadas y todos en torno al Altar. Por la gracia del Espíritu Santo, la Iglesia se edifica en la unidad de la fe y el amor.

2.- La persona del Presidente de la Celebración. He dicho que era un anciano, que reconoce de alguna manera que vive la etapa final de su vida. Brevemente hizo un recuento de su ministerio: “Nací en Italia, pero la mayor parte de mi vida he servido fuera… muchos años en Estados Unidos, en la Zona del Golfo...”, “ahí donde hay más arena que personas y más camellos que cristianos… ahí donde la fe no se puede profesar abiertamente… ahí donde repetimos la experiencia de las catacumbas, pues celebramos y compartimos la fe a riesgo de la vida”. Bella manera de testimoniar su camino.
En su predicación además dijo: “¿Cómo llenaremos seminarios y promoveremos el seguimiento de Cristo en el sacerdocio? ¿Con caras largas y ánimo seco? Hay necesidad de anunciar la fe con la vida y de manera ‘gioiosa’ –que es decir con alegría-; se ha dicho ‘el mundo tiene más necesidad de testigos que de maestros’ y es cierto, pero ayudaría más si somos testigos y maestros a la vez”.
“La Iglesia enfrenta problemas en muchas partes del mundo, aquí mismo en Roma sabemos de ello, pero en todo circunstancia y tiempo hay derecho y deber a anunciar el Evangelio, a vivir la fe. Sí, es derecho y es deber… así como es posible decir que también tenemos derecho y deber de ser felices y estar contentos”.
Su frase célebre, hablando  de su propia persona y de su actual encargo ministerial: “che cosa faciamo con questo uomo?, mettiamolo nel Duomo” -¿qué cosa hacemos con este hombre (uomo)?, pongámoslo en el Duomo (Catedral, Basílica)-. Los aplausos y reconocimiento fueron dados de manera sentida y generosa.

3.- ¿Debía yo participar en la Misa? La pregunta podría tener una respuesta rápida: “sí, porque había participación de seminaristas de Puebla”. Y lo que parece automático, permítanme decirlo, pide un poco más de atención.
Sin duda hubiera sido este motivo perfectamente realizado en el Seminario de Puebla, con la presencia de sus familias, amigos y la Institución que forma futuros sacerdotes.
Espacios humano-cristianos, como lo son la familia, los amigos y el Seminario, deben darse a “notar”, especialmente en condiciones como las que viven estos jóvenes, lejos de muchas seguridades personales, gracias a lo que llamamos obediencia. Darse a notar a través de su amor, comunicación, oración, pendiente… Si como Sacerdote –con unos cuantos años- veo necesidad de esto, ¿unos jóvenes que se preparan al Sacerdocio no tienen quizás más necesidad de ello?
Es el Seminario un tiempo para hacer fuerte discernimiento del llamado recibido, pero la misión no les ha sido dada, por ello es indispensable que sientan a través de la unidad de la familia, amigos, Seminario y podemos sumar Presbiterio, Obispos, Parroquias, Movimientos, etc., es decir, de la “Iglesia Diocesana” a la que pertenecen y a la quieren entregarse en el ministerio, que no están solos y que reciban muestras constantes de afecto y comunión (muestras que pueden ser materiales y no materiales).
Camino a la celebración y especialmente al comienzo, en mi interior jugaba este pensamiento: “represento de alguna manera a todos aquellos que saben de esto y a los que no, y que son parte de este camino”. No recibí ninguna encomienda para ir, lo que sí recibí fue su invitación a compartir, lo cual hice con gusto y me ha llenado de contento. Solo por este sendero recorrido es que tuve respuesta a la pregunta: “¿debo participar en la Misa?” ¡Sí! como un deber de un miembro de la misma Diócesis presente en Roma, perteneciente ya al Presbiterio que les espera, como quien comienza a conocerles y quiere entablar el trato de amistad y fraternidad –se dice a veces ‘hermano mayor’- y también era y fue un derecho y gusto que me fue permitido. Agradecido con Dios y con quienes compartí este momento, lanzo la pregunta ¿Qué puedo hacer por estos seminaristas? ¿Qué podemos hacer? ¿Y por otros? (dependiendo donde estemos).

Ahora a descansar un poco, en espera del Espíritu Santo y de celebrar la Misa de cierre de Pascua con aquel que sucede en la cátedra al Apóstol Pedro.
¡Ven Espíritu Santo, Ven!

1 comentario:

  1. Angelito, que bueno que pudiste compartir con ellos ese momento!!gracias por compartirnos tu sentir. y pues que podemos hacer? fijate que el domingo nos quedamos 3 personas con un seminarista a platicar, creo que lo que necesitaba era que los escucharamos, se sentía muy triste(yo le ofreci hacer oración por él) no nos lo dijo pero creo lo importante para él es saber que alguien esta al pendiente.

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