De
la riqueza o bendición que significa la estancia en Roma, considero que una muy
especial es la oportunidad de visitar (peregrinar) a tantos lugares “santos”.
Quiero decir, sitios donde el reconocimiento de la Santidad de Dios se hace a
través del encuentro con los Santos, “nuestros amigos, la Corte celestial que
nos espera y desde ese lugar de gloria nos hace el bien”. Pensar por ejemplo:
cada Templo lo dedicamos ciertamente a Dios, pero normalmente sino distingue en
su nombre algún Misterio de la Fe (la Anunciación, la Resurrección, la
Eucaristía…) lo hace de la vida de un Santo (María Santísima o el Santo Patrono
(a) de cada lugar).
Aquí
en Roma y sus alrededores –que son amplios, sin pensar en fronteras humanas-
realizamos frecuentemente la feliz experiencia de estar en el altar de San
Pedro, San Pablo, el Beato Juan Pablo II, San Francisco de Asís, Santa Rita de Casia,
San José María Escrivá,… el Padre Pío.
En
cada ocasión cumplida, el sentimiento de paz y de confianza es grande. Se disfruta
el poder orar e interceder por otros. Se aprende un poco más de la vida del
Santo y por ello se sigue descubriendo una vía “posible, real y concreta” de
santidad que cada uno de nosotros puede realizar.
Veo
cierta la enseñanza, recientemente impartida por los Papas Juan Pablo II y
Benedicto XVI, acerca de la santidad a la que somos llamados: “es posible y es
urgente nuestra santificación en pleno s. XXI, desde el sitio donde Dios nos ha
colocado, la santidad no tiene nada de ‘antigüo’ sino que es actual, vigente”.
Puede y debe ser santo el padre y madre de familia, el hijo o hija, el anciano
y el joven, el rico y el pobre, el estudiado y el que no, desde la profesión o
trabajo que se tenga. Pues a todos nos ha sido dado el Santo Espíritu que nos conduce
y recuerda la enseñanza del Maestro.
He
escrito esto, no invitando a pensar que solo aquí esto se disfruta de la verdad
de la santidad de Dios –que es cierto que es y será una gracia pasar un tiempo
de la vida aquí-, sino queriendo invitar a renovar el propósito, que si bien ha
tenido un momento inicial, debe ser custodiado, animado, renovado en cada
instante de nuestra vida (hic et nunc: aquí y ahora).
¿Hoy
en mi oración he pedido y ofrecido ser santo? ¿Qué medios de santificación
trabajo especialmente según mi naturaleza e identidad? Siendo que la santidad
no es aislamiento o indiferencia ante el otro, ¿con quiénes comparto mi ideal y
su ideal de santidad? La Iglesia es santa, conformada de hombres –pecadores-
¿cómo vivo el sacramento de la Confesión, para el perdón de mis pecados? Y es
que seguramente no podemos decir “no tengo pecados”. La Eucaristía, fuente y
culmen de la vida de la gracia ¿participo en Misa y Comulgo, con la conciencia
de que me alimento y nutro del mismo Señor, y le invito a vivir en mí? ¿Visito
al Señor que permanece en el Sagrario, en espera de una “visita amorosa y
confiada?
Regreso
un poco. Considerando el Amor de Dios revelado en su Hijo, Muerto y Resucitado
por nosotros, es valiosa la vida (como ejemplo, modelo e intercesión) de los
Santos y Santas. Cuando nuestros templos son también un altar o una casa, para
hacer la visita y estancia, y poder contemplar a nuestros “amigos” y dialogar
con ellos, es con el fin de confirmar y renovar nuestra “intención del cielo”.
La
acción de Dios se sigue palpando ahora, y siguen surgiendo tantos y tantas
amigos y amigas de Dios, grandes y chicos, de aquí y de allá. De algunos
llegarán a ser reconocidas públicamente sus virtudes y se nos presentarán como
modelos. Algunos otros serán causa también de nuestra alegría, con un influjo e
impulso a un círculo inmediato o cercano de nosotros: podría ser una mamá, o un
hijo, o amigo, que en una vida discreta pero efectiva que nos habla de Dios.
He
visto en estos días el documental “La ultima cima” que invito a que lo vean,
sobre la vida de un sacerdote de nuestro tiempo, que a decir de sus cercanos
hizo bien las cosas (realmente Dios lo hizo en él). Y me deja nuevamente un
mensaje en orden a mi propia santificación.
Pues
bien. Simplemente me despido recordando unas palabras del cielo que valen
siempre la pena considerar: “Sean Santos como Yo el Señor Soy Santo”.
Angelito, que bendición poder visitar tantos lugares santos, sigue disfrutando de esa paz y tranquilidad. y si, todos estamos llamados a ser santos desde donde estemos, asi que a ponerse las pilas y hacer las cosas bien y con Amor.
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