Assisi 24 Agosto 2012.
Hoy
debo y quiero dar gracias a Dios por la oportunidad de cumplir el primer año
desde que partí de Puebla. Al comienzo del mes de agosto de 2011, prácticamente
todo era claro en cuanto a preparativos para el viaje. Lo último que entonces
se cumplió fue la despedida de mi familia. En conjunto la despedida de todo y
todos, fue una experiencia, digámoslo así, especial y fuerte: suscitar la
separación no solo de personas sino de todo el mundo y/o modo de vida que por
aquellos días conocía. Se trataba de empezar a caminar en la esperanza de un
tiempo futuro que traería sus propias experiencias, en adelante todo me
representaría algo nuevo.
Sin
realizar en este momento el balance más preciso, puedo decir que este año ha
estado lleno de vivencias que aún ahora me hacen reflexionar. Como cualquiera,
he experimentado y compartido alegrías y
penas, he sentido el peso de una responsabilidad y las exigencias propias de
algo que me ha sido encomendado y que pide su dedicación, he disfrutado de
muchas novedades y “gracias” (o bendiciones) que aún me animan interiormente…
aún no puedo ver el final de esta marcha que por aquí realizo, buscarlo
resultaría además de difícil, innecesario, pero sí creo que quién no ha dejado un
solo instante de acompañarme desde la Eternidad (Dios) junto con aquellos que
han procurado reflejar su Providencia (Familia y Amigos) seguirán estando para
bien mío, y así en comunión alcanzaremos la meta esperada.
Por
estos 365 días: con su tiempo de estudio, de vacación, de paseos, con su
celebración de navidad y pascua, con la ocasión de agradecer mi cumpleaños y el
aniversario de ordenación… sí, por estos 12 meses, donde he seguido al
pendiente de mi Familia, de mi Diócesis, mis Amigos y Conocidos… por este Año
de agosto (2011) a agosto (2012), con la novedad de mis nuevos amigos, de la
vivencia en la Ciudad Eterna, con la cercanía al Papa y al corazón de la
Iglesia, donde he comprendido más de la Opera de Dios… por el paso de este
tiempo con sus pruebas, sus dolores, sus sacrificios, sus lágrimas, sus
silencios… junto con sus risas, sus alegrías, sus emociones, sus esperanzas, su
admiración, su fe y amor… por esto y por todo, Señor, mil gracias… muchas
gracias… y no queriendo (no es posible) olvidar a quienes me debo, ofrezco
seguir elevando la voz en la oración y la patena y cáliz en el Altar y pasar
las cuentas del rosario, e hincarme en los lugares santos que visite a favor de
cuantos se encomienden a mi ministerio o me compartan sus intenciones.
En las
palabras que me pueden servir de preciosa síntesis cual camino a seguir: “Nada
te turbe, nada te espante, todo pasa, Dios nunca cambia, la paciencia todo lo
alcanza, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta”.
Comenzamos
llenos de confianza el segundo año, en el Nombre del Padre, y del Hijo y del
Espíritu Santo.

AMEN!!
ResponderEliminarGracias Dios por este hijo tuyo que siempre nos recuerda que todos somos uno en tu Amor.