domingo, 23 de febrero de 2014

¡Cómo pasa el tiempo!

Roma, 23 Febrero 2014.

Nuevamente aquí compartiendo un poco del caminar cumplido en Roma. Han pasado los días del período de exámenes y ha comenzado también el segundo semestre del año académico.
Creo que no lo comenté en el anterior escrito, que tuvimos el gusto de convivir previo a los exámenes, tanto en misa como en mesa, un pequeño grupo de amigos, compañeros de aula en la Universidad que en diversas ocasiones tomamos juntos el café, salimos a visitar nuestros propios colegios y compartimos por supuesto el esfuerzo común del estudio (revisión de apuntes, avisos, compartir el saber sobre un libro o caso de estudio, etc). En esta ocasión en concreto, celebramos el cumpleaños de Tomas (quien me recibió en su casa en vacaciones). Somos digámoslo así, un pequeño grupo internacional: República Checa, Eslovenia, Eslovaquia, Croacia, India y México.
También hace días se dio a conocer la próxima beatificación del siervo de Dios, Álvaro del Portillo, que será en septiembre de este año, él fue el sucesor de San José María Escrivá en el Opus Dei. Y la Universidad de la Santa Cruz donde estudio tiene mucho que agradecerle en particular –fue quien la inició-. En el mes de marzo tendremos un congreso que presentará su figura y su obra. Además están por cumplirse los 100 años de su nacimiento. Sería interesante conocer un poco de su vida, lo sugiero. Hace dos semanas, por consideración del rector de mi colegio, celebramos la misa en la cripta donde se encuentra su tumba. Además me fue mostrada una fotografía de una imagen de San José María Escrivá que este día domingo está siendo colocada para la veneración de los fieles en Puebla, en la catedral. Seguramente los miembros de la Prelatura podrán acercarse con gusto a este lugar, pero el beneficio estoy seguro llegará a más personas que al saber de este santo podrán pedir su intercesión. Tendremos así dos “José María” en los altares de la catedral poblana: Yermo y Parres y Escrivá de Balaguer.
Por otro lado, estamos en los días en que si bien los medios de comunicación ofrecen un recuento de los hechos, nosotros como miembros de la Iglesia, nos enfocamos a mirar con ojos de fe y esperanza en Dios, el primer aniversario de la Sede Vacante –la de San Pedro-, pues hace un año el 11 de febrero recibimos la noticia de que el Papa Benedicto se retiraba y abría la posibilidad para realizar un conclave más en la vida de la Iglesia católica, y elegir un sucesor del Apóstol Pedro. Apenas ayer, se presentaba públicamente por primera vez el Papa emérito junto al Papa Francisco y los cardenales reunidos en consistorio. Son acontecimientos de grande importancia y significado para la Iglesia y el mundo. La voz del pastor que invita a seguir el camino del Señor y llevar al mundo el alegre mensaje de salvación, en un contexto global muy incierto (los problemas de gobierno en Italia, los acontecimientos en Ucrania y Venezuela, la violencia en México y otros lugares del mundo…). Pedimos que el Papa Francisco, fiel a las palabras que San Pedro recibió de parte de Jesús, nos confirme en la fe.
Estamos cerca de iniciar la cuaresma y con ello la preparación a un momento fuerte de nuestra experiencia cristiana. Que podamos aprovecharla y renovar el sentido de la fe cristiana que recibimos y presentamos en la Iglesia y que nos lleva al testimonio en cada lugar, en cada relación y para con todos. (Recomendable leer el mensaje del Papa, que es una invitación a llenar de sentido el tiempo de preparación a Pascua).

Finalmente, en días pasados, y antes del inicio del segundo semestre académico, cumplí una visita que me ha parecido muy agradable. En compañía de tres sacerdotes de Guatemala (Lee, Walter y Ronald), fuimos a Pompeya. No sabía incluso que estaba por salir una película en estos días acerca de dicho lugar, si bien tendrá una historia propia, ayudará seguramente a reconocer lo sucedido ahí hace cientos de años. Puedo decir que el hecho de la visita me dio la oportunidad de convivir con estos amigos, y de “recorrer el tiempo y el lugar”, pues, ha sido del todo interesante. El sitio, tiene no solo la parte arqueológica sino que hay en lo que es la actual Pompeya, un Santuario muy estimado en Italia, que es el de Nuestra Señora del Rosario. 

Ahí pudimos celebrar la misa y me di cuenta de lo especial que puede ser “tener un santuario” con vida, con devoción, donde se vive la fe. En estos sitios, además de que debe ser una distinción la acogida fraterna, deben resaltar los aspectos de evangelización, vida sacramental, especialmente la confesión –teniendo buen número de confesores- y la participación en la misa y adoración eucarística. Extra será el aspecto de venta de objetos de piedad y devoción que veo es natural al hecho del bien que se busca (no como un amuleto, sino un signo que ayude a vivir la fe). En la experiencia de haber ya visitado algunos lugares que son puntos de peregrinación, confirmo que esto vale tanto. Ojalá sea así en nuestros Santuarios de México y Puebla –no solo misas, más confesionarios y confesores y por tanto penitentes, además de la “acogida fraterna” y evangelización-.





Al final de estos días, visité por primera vez una Iglesia, cercana a la estación de trenes de Roma, que no había tampoco conocido –y que el Papa Francisco visitó hace poco, donde se cumple una atención pastoral de los emigrantes- y que está dedicada al Sagrado Corazón de Jesús y que guían los padres Salesianos. Me ha gustado encontrar ahí la devoción además del Sagrado Corazón a San Juan Bosco, María Auxiliadora, San José, Santo Domingo Sabio, María Mazzarello. Siempre hay algo nuevo por ver, conocer y sentir.

A medida que sigue pasando el tiempo, y teniendo a la vista el final de la estancia aquí, estimo mucho estas "últimas" visitas, y trato de aprovechar al máximo. En próximos días como Colegio sacerdotal iremos a visitar por un día la ciudad de Florencia, estoy seguro será una agradable experiencia comunitaria.
Pues, seguimos caminando y comprobando que ubi amor ibi oculus.

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