Farnborough,
Inglaterra, 6 julio 2013.
Hoy
feliz memoria de Santa María Goretti. Aprovechando la oportunidad escribo
algunas líneas para compartir la experiencia que he iniciado aquí desde hace
una semana. Ha finalizado el segundo curso académico y hemos iniciado el tiempo
de vacaciones. El espacio de tres meses, lo emplearé entre un poco de estudio y
otro tanto de descanso en sentido de compartir con familias y amigos que hemos
ganado trato en el último año.
Salí de Roma el pasado viernes 28 de junio. Después del avión y un primer paseo en Londres, me acerqué a una estación de trenes que había previamente ubicado. Farnborough está cerca de Londres, a 40 minutos en tren. Hablando del
tren como una nota al margen, veo que aunque es un servicio caro, es óptimo. He
comprobado entre otras cosas la seriedad en la puntualidad, pues estuve
entretenido mirando las salidas de varios trenes tanto en la estación del
aeropuerto como en Londres y siempre fueron puntuales.
Para
alguno después de uno o dos días de hospedaje, resultaría la idea de que es muy
monótona la vida aquí. Pero es un modo concreto de vivir la donación de la vida
a Dios entre el silencio, oración, trabajo y vida comunitaria. Los monjes
reservan algunos momentos a encontrarse y compartir entre ellos como pequeña
comunidad.
El
ambiente en general es muy tranquilo, que invita a la serenidad. Uno puede
fácilmente apropiarse el gusto por el lugar y ser invitado interiormente a
meditar. La historia del lugar –como decimos- es otra cosa. Aprovechando unos
datos que aquí me han compartido acerca del lugar, se los presento:
Tras la desastrosa batalla de Sedán y la
caída del Segundo Imperio de Francia en 1870, el emperador Napoleón III quedó
preso de los prusianos. Su esposa la emperatriz doña Eugenia de Montijo y el
Príncipe Imperial se dirigieron a Inglaterra, donde se les permitió residir en
Camden Place. Napoleón III sería liberado ulteriormente, llegando el 20 de
marzo de 1871 a Chislehurst (hoy Bromley). Padeciendo de mala salud,
Luis-Napoleón moriría el 9 de enero de 1873, siendo inhumado con gran pompa en
la iglesia de Saint-Mary (Santa María), en Chislehurst; pronto sería alcanzado
por los restos del Príncipe Imperial tras su muerte trágica en África del Sur,
en 1879. Desolada, la emperatriz decidió brindar a sus difuntos un mausoleo más
importante, mudándose en 1881 a Farnborough, Hampshire, donde supervisaría
personalmente la construcción de la Abadía de Saint-Michael (San Miguel). Así,
en 1888, los restos de su difunto esposo serían transferidos a dicho recinto,
donde hasta el día de hoy reposan. La emperatriz Eugenia falleció el 11 de
julio de 1921 y yace junto a sus seres amados en la mencionada abadía de San
Miguel, aunque hoy se realizan esfuerzos para restituir sus restos a Francia.
Pues
así van transcurriendo los primeros días. Por delante la oportunidad de
“turistear” un poco Londres, cosa que después platicamos. Finalmente decir que es una bella emoción encontrar siempre "caras conocidas", aquí una de ellas y muy especial.
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