sábado, 6 de julio de 2013

El verano llegó y nos llevó a...



Farnborough, Inglaterra, 6 julio 2013.

Hoy feliz memoria de Santa María Goretti. Aprovechando la oportunidad escribo algunas líneas para compartir la experiencia que he iniciado aquí desde hace una semana. Ha finalizado el segundo curso académico y hemos iniciado el tiempo de vacaciones. El espacio de tres meses, lo emplearé entre un poco de estudio y otro tanto de descanso en sentido de compartir con familias y amigos que hemos ganado trato en el último año.

Salí de Roma el pasado viernes 28 de junio. Después del avión y un primer paseo en Londres, me acerqué a una estación de trenes que había previamente ubicado. Farnborough está cerca de Londres, a 40 minutos en tren. Hablando del tren como una nota al margen, veo que aunque es un servicio caro, es óptimo. He comprobado entre otras cosas la seriedad en la puntualidad, pues estuve entretenido mirando las salidas de varios trenes tanto en la estación del aeropuerto como en Londres y siempre fueron puntuales.

Aquí en Farnborough, donde en los años pares –no es el caso de este año-, se celebra un muy conocido festival aéreo, se encuentra una Abadía de benedictinos que está consagrada a San Miguel Arcángel. La vida de este lugar, sigue en manera que me parece ejemplar la Regla de san Benito. La única pena si lo puedo decir, es que son solo 4 monjes, de los cuales uno solo es sacerdote (el Abad del lugar). Desde las 6 am comienza la oración, siempre en latín y siempre cantada. Son a lo largo del día diversos momentos comunitarios de oración: laudes, horas menores, vísperas, completas… repito siempre en latín y siempre cantando en gregoriano; y los sábado y domingos con relieve usando el órgano de la Abadía e impartiendo la bendición con el Santísimo. Además conservan extraordinariamente la reverencia al Abad y él va marcando el ritmo de la oración y de la vida aquí. Durante el día, para completar bien la enseñanza del Fundador, reparten las horas en diferentes trabajos, sea de jardinería que de las abejas (miel), o en cuestiones de estudio, atención de visitantes, cocina, etc.
Para alguno después de uno o dos días de hospedaje, resultaría la idea de que es muy monótona la vida aquí. Pero es un modo concreto de vivir la donación de la vida a Dios entre el silencio, oración, trabajo y vida comunitaria. Los monjes reservan algunos momentos a encontrarse y compartir entre ellos como pequeña comunidad.
El ambiente en general es muy tranquilo, que invita a la serenidad. Uno puede fácilmente apropiarse el gusto por el lugar y ser invitado interiormente a meditar. La historia del lugar –como decimos- es otra cosa.  Aprovechando unos datos que aquí me han compartido acerca del lugar, se los presento:
Tras la desastrosa batalla de Sedán y la caída del Segundo Imperio de Francia en 1870, el emperador Napoleón III quedó preso de los prusianos. Su esposa la emperatriz doña Eugenia de Montijo y el Príncipe Imperial se dirigieron a Inglaterra, donde se les permitió residir en Camden Place. Napoleón III sería liberado ulteriormente, llegando el 20 de marzo de 1871 a Chislehurst (hoy Bromley). Padeciendo de mala salud, Luis-Napoleón moriría el 9 de enero de 1873, siendo inhumado con gran pompa en la iglesia de Saint-Mary (Santa María), en Chislehurst; pronto sería alcanzado por los restos del Príncipe Imperial tras su muerte trágica en África del Sur, en 1879. Desolada, la emperatriz decidió brindar a sus difuntos un mausoleo más importante, mudándose en 1881 a Farnborough, Hampshire, donde supervisaría personalmente la construcción de la Abadía de Saint-Michael (San Miguel). Así, en 1888, los restos de su difunto esposo serían transferidos a dicho recinto, donde hasta el día de hoy reposan. La emperatriz Eugenia falleció el 11 de julio de 1921 y yace junto a sus seres amados en la mencionada abadía de San Miguel, aunque hoy se realizan esfuerzos para restituir sus restos a Francia.
Ahora bien, el sufrimiento y la fortaleza son los dos pilares sobre los cuales esta abadía de Farnborough fue fundada. Aniquilada por la pérdida de su marido y de su hijo único, la emperatriz Eugenia hizo construir este conjunto entre las espinas de un dolor profundo. Durante cuarenta años vivió en Farnborough Hill y desde sus ventanas miraba esta abadía, y así viviendo con las espinas de su sufrimiento comenzaba a hallar la paz.



El Primer Abad al celebrar las exequias de las emperatriz Eugenia decía, dirigiéndose a sus restos: “Majestad, habéis construido esta iglesia en piedra no para pasar la gloria de Francia a futuras generaciones, sino más bien porque habéis comprendido que hay algo más grande que la gloria del hombre, algo que dura más tiempo que la piedra: el sacrificio diario de la plegaria cristiana… Este santuario erigido sobre suelo inglés no dará testimonio solamente y continuamente de la memoria de la emperatriz Eugenia a todos aquellos que vengan aquí: será un testimonio elocuente de su fe y de su piedad”.

Como extra a esto, he contactado una de las dos parroquias católicas del lugar y participo en misa ahí para sentir el idioma inglés y aspirar el aroma de la vida parroquial (aunque he de decir que es muy sobria, le falta un poco más de animosidad). El Párroco que es un salesiano (originario de Malta) me ha dado muy buena recepción y me anima a compartir. Recordar que estamos en aquí en un contexto de la presencia de la Iglesia Anglicana (aquí en la Ciudad hay mujeres sacerdotes), Metodistas y otros.


Pues así van transcurriendo los primeros días. Por delante la oportunidad de “turistear” un poco Londres, cosa que después platicamos. Finalmente decir que es una bella emoción encontrar siempre "caras conocidas", aquí una de ellas y muy especial.



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