viernes, 7 de junio de 2013

Que no pierda sus raíces cristianas...


Hoy escribo estas líneas para agradecer a Dios y mis compañeros sacerdotes (amigos), la oportunidad de haber realizado "una pausa" y haber conocido Praga.
Meses atrás el Padre Marek (de República Checa) nos hizo el favor de invitar a hacer esta visita, pues siendo de este lugar tenía el gusto de compartir con nosotros. Se ha formado un grupo de 9 sacerdotes, bastante universal, sacerdotes de Congo, China, Madagascar, India, Colombia, Eslovaquia, México y la misma República Checa.
Ciertamente después de la visita, queda confirmado aquello que antes de ir me había estado dicho: "es una Ciudad Maravillosa, muy bella...". Pero quiero decir desde el principio, que esta visita cumplió un especial deseo de nuestro querido anfitrión. Y es que también previamente se me había dicho que "Praga, la República en general, ha visto perder grandemente sus raíces de fe, hay una grande realidad de ateísmo". Pues bien, el deseo de Marek, era dar "testimonio" en el mismo hecho de visitar la República Checa. Así es que pudimos especialmente caminar sus calles, hacer oración, celebrar la misa, hacer convivencia, etc., siempre como sacerdotes, conservando la intención propuesta. Fuera de aquellos sacerdotes (pocos) que pudimos encontrar en sus Iglesias, por las calles no vi otros, y en el vestir fuimos bastante notorios. Al menos recuerdo una niña pequeña que decía a su Mamá (traducción hecha por el anfitrión): "mira, unos párrocos, pero, son muchos, y son diferentes -seguramente refiriéndose a la presencia física que era notoriamente diversa según el origen de cada uno de nosotros-".
Pues bien, hicimos el miércoles 24 después de clases, el viaje en una camioneta, viaje desgastante de cerca 13 horas pero a Dios gracias, igual que la vuelta sin novedad. A primera hora del jueves misa en Catedral -capilla de san Wenceslao- y visita con explicación muy significativa de parte de Marek. Siguió un desayuno en un convento religioso y recorrido por la Ciudad, al punto de hacer la comida típica en un restaurante. Por la tarde, visitamos una parroquia a las afueras de Praga, donde Marek está inscrito como vicario (aunque estudia en Roma, en sus vacaciones va a este lugar a trabajar, así se asegura un apoyo como estudiante y la seguridad médica). La estancia en el lugar fue especial, algo que se repitió tanto en la parroquia que visitamos el viernes y en casa del mismo Padre Marek (ayudados de su traducción), el intercambiar un poco de la realidad de nuestros países de origen. Me parece que a las familias y personas, les ayudó mucho a comprender un poco más la verdad o realidad de la Iglesia, que supera como lo sabemos la realidad de nuestros propios lugares.
Ya el viernes, el regalo de la mañana fue celebrar misa (agradezco el hecho de haber presidido la misa ahí), en la Iglesia donde se encuentra y venera El Niño de Praga. Una Iglesia guiada por religiosos franciscanos. No se encuentra en el altar principal, pues es una Iglesia dedicada a Santa María de la victoria, pero sí es notoria la grande devoción que se le profesa. Ahí al celebrar la santa misa votiva del Nuestro Señor Jesús, en el Misterio de su Encarnación, dimos gracias e hicimos presentes nuestras particulares intenciones.
Después hicimos viaje a una bella Ciudad a unos 80 kms fuera de Praga, Kurá Ora, donde sus Iglesias y calles nos mostraron otra parte bella de la República Checa. De ahí pasamos después de comer, a la población de Corin, donde Marek realizó tiempo atrás su diaconado, además de recorrer su Iglesia, fuimos recibidos por el Párroco quien nos ofreció ahora la cena.
No he dicho que estuvimos hospedados en un colegio de capuchinos, al lado de la Iglesia de Loreto (copia del Santuario de Loreto, Italia, la "Santa Casa"). Pues bien, el sábado por la mañana, celebramos la misa e hicimos la oración en este lugar. Ahí se encuentra el llamado "Sol de Praga", una custodia singular, por estar ornamentada con muchos diamantes.

Después caminamos pocas calles, porque en realidad estuvimos hospedados en el centro de la Ciudad, para visitar un monasterio donde su Iglesia es muy bella -como las demás de Praga, pero que contiene la gracia de los restos de san Norberto, Fundador de los monjes premostretenses-, donde hay un museo y bibliotecas significativas. Desde este lugar donde se gana una espléndida vista de la Ciudad.

Más tarde, invitados por Marek participamos de la comida con su familia (sus Papás y tres hermanos más), se celebraba el cumpleaños del Papá. Pasamos un buen momento de convivencia. Luego los dejamos para que continuaran su festejo y mientras nosotros, hicimos el ultimo recorrido por el centro de Praga, visitando nuevamente la Iglesia donde se venera al Santo Niño. Juntos nos animamos a acompañar al Padre Giuseppe (que es de China) a cenar precisamente a un restaurante de comida china.
La jornada del Domingo, fue pesada, pues iniciamos temprano con Misa en la Iglesia de Loreto, hicimos desayuno y de manera inmediata comenzó nuestro retorno a Roma. Hicimos una visita breve (de casi 3 horas) a Múnich (Alemania), donde nos encontramos con un Padre de Republica Checa, amigo de Marek, que estudia ahí, nos acompaño en el recorrido por el centro histórico y había anticipado nuestra presencia en un restaurante donde compartimos el pan y la sal. Siguió nuestro camino, que concluyó en la Ciudad Eterna casi al termino del Domingo. A Dios agradecimos la oportunidad de esta convivencia y el buen recuerdo nos queda.
A Marek y a cuantos le ayudaron a organizar esto, además de la gratitud el don de nuestras oraciones y como nos lo supo pedir: orar para que sea conocido y amado Jesús en este País.


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