viernes, 12 de abril de 2013

Semana Santa... Aniversario Vocacional....



Después de dos semanas intensas y al mismo tiempo muy especiales, me permito presentar un poco de la memoria de estos días.
Del 22 de marzo hasta el 3 de abril he vivido una Semana Santa muy agradable. Repitiendo la experiencia de pastoral en la Parroquia de San Salvador (en Partinico, Sicilia), he disfrutado del "ejercicio del ministerio parroquial", que es elemento muy importante en la vida de un sacerdote. Reconozco que hay diversas maneras, tiempos y lugares donde ejercer el ministerio, pero para mí siempre tiene esta semana un valor muy especial, sobre todo el poderla vivir dentro de una Comunidad parroquial. Considero que es "aniversario de mi vocación al sacerdocio", pues estimo que en la Semana Santa del 1988 "Dios me llamó".
Por el conocimiento previo de la Comunidad, he tenido la oportunidad de retomar el trato con algunas personas y conocer nuevas amistades.
La manera en que me fue indicado mi servicio fue algo muy agradable: visita a enfermos y ancianos en sus casas, las confesiones en la Parroquia y el presidir algunas celebraciones propias de estos días. En verdad que lo he disfrutado.
Las tradiciones y costumbres religiosas tanto de la Parroquia como de la Ciudad de Partinico y de la Diócesis (Monreale) me han presentado de manera clara el modo que tienen estas Comunidades para celebrar el Misterio Pascual: via crucis, procesiones, altares, cantos... incluyendo aquellas otras de grande sentido familiar y humano ("Día del Angel o Pasquetta", el chocolate, comida de pascua...).
Un bello momento, para sentir el espíritu de estas celebraciones, fue participar en una presentación de teatro, donde personas de la Comunidad, con el canto y la actuación presentaron el Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, pero en lengua Siciliana. Admirable la manera de presentarla que tocó el interior de los asistentes.
Un momento singular, como siempre lo será, es el jueves santo, en esta ocasión he participado en la Misa Crismal con el Obispo y Presbiterio de la Diócesis de Monreale (debo decir que viven el cambio de Obispo, pues fue la última celebración del saliente y esperan en pocos días el nuevo). Ha sido un momento de gracia del que distingo tres cosas: la consagración de los aceites que serán usados en los sacramentos y esto indica la ayuda de Dios a su Pueblo y la vida misma de la Iglesia; segundo, he podido  renovar las promesas sacerdotales, con el gusto de continuar respondiendo al llamado recibido; y finalmente vivir esta semana integrado a un presbiterio, me ha ayudado a considerar mi propio presbiterio al cual estoy incardinado (especialmente al saber a la distancia del trabajo que siguen realizando mis hermanos sacerdotes y también por saber de algunas dificultades y penas que padecen).
En el contexto del poco tiempo que tenemos como Iglesia de haber recibido al Papa Francisco, esta semana me mostró el "sensus fidei" del Pueblo Cristiano respecto a la buena aceptación que se ha hecho del Santo Padre. Prácticamente todos hablan bien de él, les gusta su "estilo" pero sobre todo "guardan sus palabras" -es fácil que las conozcan, las sientan sinceras y como verdaderas enseñanzas y las repiten constantemente en las conversaciones-.




Lo último que me permito compartir de mi Semana Santa, es que al final de los días nuevamente me ha sucedido que no es fácil despedirse. No sé si tendré la oportunidad de regresar y convivir nuevamente con personas y familias con las que haber celebrado Navidad, Año nuevo y Semana Santa ha sido el origen de la amistad y la comunión. Las puertas están abiertas, pero..... no sé lo que dispondrá la Providencia, mientras trato de conservar el recuerdo y ayudarles con la oración.
Viviendo este santo tiempo, es bueno conservar y extender el saludo pascual: ¡Cristo resucitó, Aleluya! ¡Feliz Pascua del Señor a todos!



En el siguiente comentario, lo sucedido en el resto de la semana de Pascua, la visita a Polonia....

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