Del 4 al 7 de abril, he tenido la oportunidad de visitar
acompañando a otros 3 sacerdotes
algunos sitios de Polonia. En principio y a modo de gratitud reconozco las
atenciones del Padre Pawel, él es un sacerdote que habita en
el mismo colegio en que vivo.
En principio viajamos al medio día del jueves de Pascua, dedicando la tarde de aquel día a visitar en Cracovia su centro "histórico". Ya la primera impresión fue positiva al mirar sus iglesias, edificios, plazas...
El Padre Pawel nos iba dando los datos de la historia del lugar y nos animaba a
distinguir algunas cosas de la realidad de la ciudad y de la cultura polaca.
El viernes comenzamos con misa en la catedral y una visita
a la misma. Inmediatamente nos pusimos en camino hacia el campo de concentración de Auschwitz. Días antes las temperaturas
fueron bajas y la nieve era constante. Este día de nuestra visita no era tan
frío pero si había nieve.
Esto nos dio ocasión a imaginar las condiciones más extremas que tuvieron que enfrentar las personas que ahí sufrieron tanto. Las explicaciones de parte de la guía, fueron muy claras y motivaron la reflexión del grupo (fue un día con la presencia numerosa de
grupos haciendo la visita).
Nuestra guía finalizó invitándonos a reflexionar que si
bien en la historia humana se presentan episodios como el cumplido ahí, debe estar en nosotros la responsabilidad de evitar que
pueda darse uno más. En lo personal meditaba
durante la visita, "hasta donde puede llegar el hombre, no sólo en lo negativo (haciendo el mal), sino especialmente en
lo positivo (haciendo el bien, como por ejemplo en el caso de San Maximiliano
M. Kolbe, martirizado en este lugar ofreciendo su vida por otro preso)".
El resto de la tarde nos permitió visitar la tierra donde nació el Papa Juan Pablo II,
Wadowice. Un lugar especial en cuanto recuenta los inicios del Beato. Ahí además del museo que nos mostró en imágenes y objetos su vida, nos
hizo sentir el orgullo de los habitantes por tener como uno de sus "hijos
consentidos" a quien muchos sentimos como propio. Prácticamente en todos lados se encuentra la imagen del Papa Juan Pablo, así como exposiciones de su vida (fotografías) montadas en parques y plazas. Pocos días antes (2 abril) se celebró su aniversario de fallecimiento (ingreso al cielo). Ya en Roma es un gozo espiritual contar con la oportunidad de pedir su intercesión -altar donde están sus reliquias- ahora fue un extra poder "visitar" en su tierra y con los suyos.
El Padre Pawel, nos invitó a visitar en una parroquia
del lugar a uno de sus condiscípulos para saludarlo y para
ver de algún modo el vivir de un
sacerdote de parroquia. Por ejemplo, hay que pensar que son tantos sacerdotes
en esta diócesis (y País) que muchos sacerdotes pasan hasta 20 años como vicarios -a veces hasta 3 o 4 vicarios por
parroquia- antes de ser párrocos o responsables de una
comunidad.
El sábado comenzó el día muy temprano pues había que viajar a visitar a la Virgen morena, patrona de Polonia: en Częstochowa. De alguna manera gracias al Papa Juan Pablo, era una imagen ya conocida, pero la visita a su santuario, fue muy especial. La misa fue a las 8 am en latín. La oportunidad de mirar un Santuario con mucha piedad y digamos así con notoria vida cristiana, fue una gran experiencia. Desayunamos en el mismo convento de los religiosos que custodian la imagen.
Regresamos para visitar cerca de Cracovia la mina de sal de Wieliczka, que dejo en nosotros un buen ánimo y el reconocimiento de la labor que los mineros ahí han realizado por años. Fue apreciar la hermosa comunión, entre la naturaleza creada por Dios y el hombre -también criatura-; aquí hay muestra de fe, trabajo e ingenio.
La tarde del sábado, fue un momento de paz, al hacer la primera visita al Santuario de la Divina Misericordia y ahí a santa Faustina y la imagen que le fue revelada. Eran las vísperas de la fiesta, ya había un ambiente que sugería la oración y la alegría. Vimos un poco de la vida del Santuario: presencia de las religiosas, uso de las capillas, reconocer las áreas del Santuario... (No miento en decir que había muchísimos confesionarios que indicaban que en este sacramento se celebra y experimenta que Dios nos ama y esta dispuesto siempre a perdonarnos).
El final del día sábado permitió -además de una comida auténticamente polaca- visitar nuevamente los alrededores del centro de la ciudad.
El domingo estuvo reservado para participar en la misa principal
en el Santuario de la Divina Misericordia. La presidió el Cardenal Stanisław Dziwisz, el que fue secretario del
Papa Juan Pablo. Como es de suponerse se celebró en polaco, pero a favor de la universalidad de la Iglesia que era ahí presente, en esta ocasión quisieron especialmente
considerar algunos cantos en latín y las preces en diversas
lenguas, además que el Cardenal dirigió un saludo (en polaco) a los peregrinos de las diversas
nacionalidades presentes. Fue una maravillosa experiencia, poder celebrar la fe
ahí, además de hacer la visita al convento donde está la Imagen de Jesús de la Misericordia que le
fue revelada a Santa Faustina y los restos de la Santa. El ambiente fue
excelente al considerar la devoción y fe de los fieles.
Después de la comida ofrecida por
las religiosas -de la familia religiosa a la que perteneció Santa Faustina- fuimos al encuentro de la Mamá del Padre Pawel. Fue muy grato también participar con ella de un café y sirviéndonos de traductor el mismo
P. Pawel pudimos intercambiar una charla con ella y agradecerle sus atenciones
y el servicio que su hijo nos estaba dando.
Para prácticamente concluir nuestra
estancia, conocimos el Seminario de Cracovia donde estudió el P. Pawel, era su emoción claramente manifiesta al
participarnos detalles de la casa y un poco de su experiencia de haber vivido
ahí algunos años. Cerca del mismo, visitamos también a un segundo sacerdote amigo suyo, y fue otro momento
fraterno sacerdotal.
Y pues, como las cosas no son eternas, finalizó así nuestra estancia en la
Polonia que regaló al mundo un grande Papa, pero
que además es tan especial por muchas más cosas, de las que distingo la fe del Pueblo, la historia
que la ha forjado y porque no decirlo, los retos que tiene como los demás de vencer sus dificultades y ser fiel a una fe que le ha
acompañado y que puede seguir
compartiendo especialmente a la Europa descristianizada.





