domingo, 13 de enero de 2013

De la Navidad al Bautismo de Jesús y el nuestro



Roma 13 enero 2013.

Hoy celebramos el bautismo de Nuestro Señor. Cerramos el período Natalicio –que habíamos iniciado con el Adviento y lo habíamos transitado con las fiestas propias de Navidad y de final e inicio de Año, sin olvidar las Memorias de la Virgen y Santos-. Es probable que los signos que hemos aprovechado colocar para estimular nuestra fe aún estén ante nuestros ojos: el Árbol, el Nacimiento, otros signos… puede que el saludo de “¡Feliz Navidad!” se siga diciendo o que ciertos alimentos de estos días sigan siendo aprovechados.


En la Basílica de San Pedro, permanece el “Pesebre”, el Árbol y los mensajes del Papa que nos llevan hasta el ultimo momento a gustar la belleza de la Navidad. En el Colegio, un detalle doble que tiene que ver con la imagen de “Gesù Bambino”: las Hermanas dejan en el comedor siempre en el puesto de cada uno de nosotros una imagen sencilla del Niño Dios para que nos acompañe en todos los momentos de gustar los sagrados alimentos (un Niño Dios por cada Sacerdote) y en la Capilla tenemos la Imagen propia del Colegio, dispuesta para que libremente cada uno de nosotros al hacer la visita además pueda manifestar con el gesto de un beso a la Imagen su particular devoción y afecto a este Misterio de Salvación (al lado de la Imagen se deja un pañuelo para que después del gesto se cuide de la misma Imagen). En la parroquia donde celebre el inicio de la Navidad y el cambio de año, invité a los fieles a expresar su devoción con el gesto del beso a la Imagen de Jesús Niño, pues dicen que solo lo hacen en realidad en la fiesta de Epifanía (creo que hacerlo más de una vez, con el sentido de fe y el afecto, no complica nada y  puede más bien que ayude). Por si faltó decirlo a todos, aunque de alguna manera estaban incluidos: ¡Feliz contemplación del Misterio de la Encarnación! Es decir, ¡Feliz Navidad a todos! 


Regresando al principio de este escrito, vivir esta celebración del bautismo, me ha llevado nuevamente a repasar esos días de haber visitado aquel lugar de gracia, por el paso del Señor, que es el Río Jordán. Primero en la parte norte (Yardenit), donde el panorama es muy agradable por el clima y la vegetación. Por razones incluso de seguridad es la parte que se ha acondicionado para la visita de los peregrinos. Ahí es donde de manera especial se realizan aquellos gestos de “renovación del bautismo” –claro que siendo una gracia maravillosa y plena el bautismo, este gesto es realizado más en orden al significado que nos regala estar en ese lugar, no es que le falte algo al sacramento-.


Pero recuerdo con particular gusto, haber visitado la otra parte, más al sur, que si bien no muestra a los sentidos  lo mismo que el primer sitio señalado, es muy probable que en esta otra parte, se tenga oportunidad de estimar el sitio donde Juan daba testimonio de Jesús y donde “los cielos se abrieron y se escuchó la voz del Padre y se manifestó el Santo Espíritu sobre Jesús”. Normalmente esta parte estaba clausurada y se puede ingresar a través de una sencilla vereda que a los lados indica la presencia de minas explosivas. Es la frontera de Israel con Jordania. La seguridad de ambas partes es manifiesta.


Espero no se cree la confusión: ¿por qué dos lugares? He dicho que no podemos olvidar por un lado los graves y tristes conflictos que en aquella parte del mundo se han vivido y que aún persisten; y por otro lado, peregrinar a la Tierra Santa, al llamado Quinto Evangelio –pues el Lugar nos habla del Misterio de Cristo y es el Sitio que recorremos con los ojos de la fe, no estrictamente con el sentido de la historia o conocimiento humano, pues nos habla de la Historia de Salvación-, es en el fondo un “acto de fe maravilloso” al modo de los primeros que han dicho: “lo que hemos tocado, lo que hemos visto… comimos y bebimos con Él… y decimos esto para que crean.”


Por último, que la celebración del bautismo del Señor nos permita estimar más nuestro bautismo y la experiencia para algunos de nosotros de “bautizar” o de llevar al bautismo a otros (caso de Papás a sus hijos y de muchos de nosotros de ser “Padrinos” y tener “ahijados”). 


De alguna manera podemos “aprovechar” ante la Pila Bautismal de la Iglesia, a la hora de participar de un bautismo, a la hora de profesar la fe en la misa, ante imágenes de Juan El Bautista o del mismo Bautismo de Jesús, en el uso del Agua Bendita –recuerdo del bautismo-, asistiendo a catequesis pre-bautismales, siendo peregrinos a Tierra Santa en especial al Jordán, etc., en todo esto podemos profundizar en la gracia del bautismo que hemos recibido por el cual sabemos nuestra dignidad y nuestra misión en la vida (nos ayuda aquella enseñanza de "para Ustedes soy Obispo, con Ustedes soy un bautizado" -pues en la Iglesia todo comienza por el Bautismo y nunca se pierde-. 


Finalmente en el Misal Romano de Italia, encontré tres oraciones colecta (para la Misa) que dejan estas tres peticiones que podemos hacer nuestras hoy: “concede a tus hijos, vivir siempre en tu amor”, “concédenos a nosotros ser interiormente renovados a la imagen de Cristo” y “concédenos a nosotros vivir como fieles imitadores de tu Hijo”. 



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