Roma,
4 Noviembre de 2012.
Apenas
hemos celebrado el inicio del mes de Noviembre. Y lo hemos hecho con la
Solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de los Fieles difuntos.
Seguramente han sido acontecimientos que nos han “hablado al corazón”. Y lo
expreso así, porque no creo que logremos ser indiferentes a ambos contenidos.
Pues por un lado, debe resonar fuerte en nuestro ser la llamada que hemos
recibido a la Santidad, y por otro lado, la separación física, sea reciente o
distante en el tiempo, de algunos Seres Queridos no ha impedido en nada que
sigan presentes en nuestros pensamientos y que de alguna manera guardemos
amorosamente su memoria.
Lógicamente,
solo podemos apuntar a estas verdades, la Santidad y la Vida Eterna, gracias a
la Voluntad de Aquel por quien vivimos, nos movemos y somos. Y es que en la
conciencia de ser finitos, cuales peregrinos en este mundo, se nos ha revelado
la Verdad de nuestra Trascendencia, de nuestra Infinitud.
Días
atrás, notaba en distintos medios, una especie de confrontación entre proponer
lo que algunos aprovechan como motivo de fiesta, el llamado Halloween, y lo que
es una buena tradición de veneración de los “muertos”, de los que han dejado
este mundo.
Un
contexto inmediato a mí, estuvo cargado del deseo de reflexión, de oración y de
intercesión. De hecho, no olvidando las palabras del Predicador del viernes pasado
en mi Colegio, dos cosas eran importantes meditar: acerca de la brevedad de la
vida aquí, para aprovechar bien el don de ella en razón de la Plenitud, y
además, en el importante papel que como sacerdotes tenemos de poder ofrecer
nuestro “ministerio” por las “almas” de los difuntos –bien sabemos que decir
almas, encierra la comprensión de la persona, que es una, única, irrepetible…-.
Pero
aún, me parece que falta siempre algo que aunque implícito en muchos o por
muchos cristianos, merecería ser más explicito por todos nosotros a partir de
tal distinción –pues somos cristianos por vocación, no en razón de méritos-. ¿Qué
falta? El anunciar que “Cristo murió y resucitó, y nuestra fe en la
resurrección de los muertos nos es vana”. Muchas veces he leído o escuchado
decir respecto a los difuntos “que mientras los recordemos viven”; pero no
creyendo que sea mero voluntarismo lo que les mantiene ahora, nosotros como
redimidos en Cristo, notamos como nuestro corazón se llena de gozo cuando
atendemos su Palabra: “El que cree en Mí, no morirá para siempre”; “Yo Soy el
Pan de la Vida, el que come mi Cuerpo, tendrá la luz de la vida”; “En la casa
de mi Padre hay muchas habitaciones, Yo voy a prepararles una”; “Hoy estarás
conmigo en el Paraíso”; “Conviene que el Hijo del Hombre sufra, sea entregado,
crucificado… al tercer día resucitará de entre los muertos”; “Ve y dile a mis
hermanos…”.
Cuando
a diario en el momento de la celebración de la Misa, decimos confiada y
valientemente: “¡Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ven Señor
Jesús!”, estamos diciendo de la seguridad que tenemos del éxito de la misión
cumplida de parte de Jesús, puesto que en la obediencia a su Padre –y nuestro
Padre-, al asumir nuestra condición y ser entregado por nosotros, resucitó y fue
exaltado y está a la derecha del Padre, ahora a su nombre todos doblamos la
rodilla y toda lengua canta que es Señor para gloria de Dios.
Siendo
el Año convocado para renovar y fortalecer y testimoniar de nueva manera
nuestra fe cristiana, nuestra fe en el Hijo de Dios, estas fechas son ocasión
para propiciarlo. Al alegrarnos con todos los Santos, algo que durante todo el
año litúrgico siempre hacemos (por ejemplo, ayer San Martín de Porres, hoy San
Carlos Borromeo), reconocemos cómo en ellos y esperándolo de nosotros mismos,
se participa de la victoria pascual de Cristo; y al conmemorar a los Fieles
difuntos, nos abrimos a la misericordia anunciada por el Señor, pues no quiere
la muerte del pecador sino que se arrepienta y viva y quiere que todos los
hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. Ha pagado el rescate
por nosotros al precio de su Sangre.
En
definitiva ha sido una buena oportunidad, que podremos seguir aprovechando para
llenar de verdadero espíritu cristiano estas realidades de nuestro paso en este
mundo. Yo en lo personal, auxiliado por mi familia y amigos he tenido ocasión
de presentar la oración por muchos hermanos que se han presentado ya ante el
Señor. La lista considera a personas que hace poco o más tiempo han fallecido;
a personas que he conocido y a las que me une un especial sentimiento de afecto;
a personas que aún sin conocerles son importantes para alguien que sí conozco o
que me hubiera gustado conocer; a personas que he podido servir en el
ministerio del sacerdocio; a personas que seguramente lo necesitan mucho y a personas
que “nos parece” ya en definitiva gozan de la Gloria; a personas de distinta
edad, lugar, lengua o color; para todos mi oración e intercesión.
Puedo
ofrecer por este medio, el servicio de considerar las intenciones por sus difuntos
(y también por quienes aún viven) pues siempre que Dios lo permita, tendré
oportunidad de celebrar la Santa Misa a diario y en este tiempo en Roma, con
mayor facilidad pues no hago directamente lo que se llama “cura de almas” (es
decir no tengo una Comunidad dada a mi cuidado) y ello me abre la posibilidad
de asumir a quienes se encomiendan a mis oraciones.
Finalmente,
ahora que hemos celebrado este Domingo (XXXI del tiempo ordinario), la Palabra
de Dios nos da renovada luz para seguir nuestro camino. Y retomo nuevamente de la
predica del Sacerdote de hoy en la Misa comunitaria: “El Señor nos indica que el
camino del Amor a Él y al prójimo, es el único camino, la vía a nuestra felicidad (la Felicidad Verdadera); y
en la segunda lectura, nos recupera que podemos y debemos realizar este camino,
‘nosotros’ como Sacerdotes del Señor, quienes participamos de su Único y Eterno
Sacerdocio, y por el bien de las almas que Él ama.”
A
todos, mi bendición y la seguridad de atender sus intenciones: “No estamos
lejos del Reino de los Cielos”.


Para mi es muy grato leer lo que escribe, siempre hay algo justo para el momento que estoy viviendo que me impulsa a seguir a cristo. Siempre encruentro curar para mi alma
ResponderEliminarAngelito, primero: muchas gracias por tus oraciones, segundo: estan padrisimas tus fotos, y tercero: me sigo encomendando a tus oraciones. abrazos!!!
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