sábado, 16 de marzo de 2013

Habemus Papam... Francesco.


Roma 16 Marzo 2013.
 Después de los últimos acontecimientos, un profundo y sentido “Te Deum” surge de nuestro corazón y de nuestros labios.
Aquel 11 de febrero nuestro ser se sobresaltó y un pesar indescriptible llenaba nuestro interior. En los días siguientes y en cada oportunidad de acompañar al Santo Padre Benedicto, era palpable el sentimiento de tristeza, la que se experimenta cuando vivimos una despedida, cuando el ser querido se aleja y es posible considerar que no serán las cosas como antes, en el compartir, en el estar juntos. Eran días para estimar con mayor atención todo lo que se había cumplido en los últimos 8 años: mensajes, audiencias, libros, celebraciones, saludos, etc. Llegó luego el 28 de febrero, que era la fecha anticipada, cuando finalmente teníamos que decirnos “adiós” o “hasta pronto”. Aquella tarde de jueves, de jueves eucarístico, lo vimos despedirse de los más cercanos, dirigirse a un helicóptero, volar por encima de nosotros, fijar sus ojos en la Ciudad Eterna, decir sus ultimas palabras como Papa: “recen por mí, yo rezaré por ustedes”.
Y después, días que siempre he llamado de “orfandad”, cuando como fieles de la Iglesia, pedimos un nuevo y santo Pastor. Días para estar en oración constante por los Cardenales y saber que a través de la acción de algunos hombres, en realidad es Dios quien se muestra el Pastor de su Pueblo. En las llamadas “congregaciones”, los Cardenales trabajan la amistad, el diálogo, el encuentro. Sabemos que estando de ordinario dispersos por el mundo, estos cuantos días son para “estar juntos” y “juntos tener una visión de las esperanzas y necesidades de la Iglesia y del mundo”. Y al mismo tiempo, en oración y comunión con el Señor, disponen todo para un “conclave”.
La mañana del martes 13 de marzo, la misa “por la elección del Papa” y por la tarde la primera de las votaciones. Vivir en Roma todo este contexto que vengo relatando, es una cosa especial.
Por un lado, “se nota” la labor de los medios de comunicación, es la primera vez que veo la que podríamos llamar la “invasión” de ellos: cámaras, micrófonos, estudios improvisados, entrevistas, fotografías, etc. Vaya que dedicaron días y noches a cubrir el evento. El valor que le doy a ello es que “de algún modo ayudan a que en todo el mundo se vea y se atienda la sucesión apostólica y permiten que muchos puedan estar aquí, junto con todos nosotros que físicamente lo estamos y vivir esto”. Aunque no dejo de pensar, como fue expresado en una mención del P. Lombardi –digamos portavoz de la Santa Sede-, no faltan voces que solo miran desde categorías del mundo lo que la fe nos indica como asunto de la Providencia (no era una elección política, sino espiritual).
Por otro lado, vivir esto precisamente como una gracia. Tenemos aquí la seguridad ciertamente de estar viviendo “verdaderas bendiciones en primera fila”. Vaya que ha sido muy especial, haber acompañado a S. S. Benedicto en el final de su ministerio. Haber pasado los días de “Sede Vacante”, invitados de muchas maneras a pedir por el bien de la Iglesia y como lo mencioné antes, experimentando el sentimiento de orfandad que mueve a decirle al Señor: “mira nuestra necesidad y concédenos un Pastor según tu corazón”.
Y como respuesta de Dios, qué grande regalo el don del Sucesor de San Pedro. Hemos estado al pendiente –sin dejar de hacer lo que nos tocaba en su momento, las ocupaciones de la Universidad y del Colegio-, hemos seguido la reunión de los cardenales previa al Conclave y el inicio del mismo; luego estar en la plaza esperando la “fumata bianca” aunque como sucedió le anticiparon algunas de color negro. La emoción era grande en la plaza de San Pedro, colmada por miles de personas de toda raza, lengua y nación (y banderas de todos los colores y países). Y llegó el momento la tarde del miércoles, después de la quinta votación, bajo una ligera lluvia en Roma. La tan esperada “fumata bianca” llegó. Y tras ello, los ríos de gente que poco a poco fueron desembocando en la plaza, y los “brazos de la Iglesia” (lo digo a partir de las columnas de la plaza de San Pedro) nos fueron acogiendo a todos. Después de una hora del “signo en las alturas” –del humo blanco- la emoción fue creciendo: plaza llena, bandas de música y guardia suiza listas, pantallas gigantes que regalaban las imágenes y nos acercaban al balcón principal, se encendieron las luces del nivel del balcón y algunas cortinas fueron abiertas y entonces…. 
Debo de decir que busqué un lugar al centro, desde donde vivir esto tanto para “ver y escuchar mejor”. Poco antes de la aparición del Papa, era necesario hacer alguna oración por sencilla que fuera. Alrededor mío, personas de la misma Italia y de España, familias y personas en grupos de amistad y hasta de apostolado. Estaba rodeado por una verdadera multitud de personas que me ayudaron a vivir este momento con grande alegría.
Fue cuando apareció el Cardenal encargado de dar el anuncio. Y escuchar las palabras más esperadas en latín (que maravilla): Annuntio vobis gaudium magnum; habemus Papam: Eminentissimum ac Reverendissimum Dominum, Dominum Georgium Marium Sanctae Romanae  Ecclesiae Cardinalem Bergoglio qui sibi nomen imposuit Franciscum.
Tras este anuncio, para algunos de los fieles en torno a mi, el surgir de comentarios ¿quién es? ¿de dónde? ¡Ah, Francisco! –es patrono nacional de Italia San Francisco de Asís y era el primero en elegir el nombre / además las primeras porras “Papa Francesco (palmadas), Papa Francesco (palmadas)-. Vaya que los teléfonos celulares, ipads, etc., que eran también presentes por millares, además de permitir fotos y videos, ayudaban a muchos a tener información de inmediato: “es de Argentina, es jesuita, tiene 76 años, etc.”
Y se presentó después del anuncio: El Papa Francesco. Tras sus primeras palabras y gestos, que seguramente ya todos conocemos, dejó un buen sabor. Qué gracia en todo esto de orar con él unos breves minutos, pues pidió que lo hiciéramos por el Papa emérito Benedicto, luego por él mismo y finalmente nos impartió su primera bendición como Sumo Pontífice.
Regresar a casa fue algo muy especial también, pues había desaparecido el sentir de orfandad, sabíamos que Dios había elegido –como dicen aquí en un refrán: “quien entra Papa, sale cardenal”, pues como dijo otro “por lo que se ve, el Espíritu Santo no sigue los periódicos”; y es que en el decir de muchos había papables, se esperaba que fuera uno u otro, pero al final fue el que Dios quiso y eso es lo importante-. El decir “habemus papam” significa: “tenemos Papa”, y por esto “tenemos Padre, Pastor, Maestro, Guía, Fundamento… se asegura nuevamente que para estos tiempos difíciles hay quien nos indique el camino, la verdad y la vida que es el Señor mismo. Los primeros actos y gestos del Papa han sido muy interesantes y motivadores para nosotros como  cristianos católicos.
Y desde el pasado jueves celebramos cada día la Santa Misa con la mención “…con nuestro Santo Padre Francesco…”, mañana domingo será el primer ángelus en plaza San Pedro con el Papa (último domingo antes de semana santa), luego en la Solemnidad del Señor San José, viviremos si Dios lo permite la misa de inicio del Pontificado en la Basílica de San Pedro… Y así y hasta cuando Dios nos conceda, Pueblo y Pastor caminaran juntos. En los más 2000 años de vida de la Iglesia, al lado de la realidad humana con sus limitaciones y carencias, nunca ha faltado la gracia, la misericordia y el amor de Dios por los suyos.
Deseo que podamos disfrutar y aprender mucho de este Papa. Debo decir que una vez elegido el Papa Francesco, reconocí la oportunidad de hacer un poco más por vivir la fe en comunión con Él; al tiempo pensé para mí ¿habré rezado suficiente pidiendo por el que habría de ser elegido? Pues si no lo hice, ahora y con su invitación, puedo rezar mucho por quien ya fue elegido.
El “habemus Papam” que ha sido proclamado para nosotros, me permite decir desde aquí: ¡Felicidades, por el don del Papa que es para ti y para todos nosotros!