sábado, 27 de octubre de 2012

¡Llegar a la cima! También en la vida cristiana.



Roma, 26 Octubre 2012

El pasado 13 de Octubre, se organizó como cada año en el Colegio, un paseo a una montaña. Ciertamente no sería una muy exigente, pero sí brindaría la oportunidad de caminar entre la naturaleza y poder hacer además de un poco de ejercicio, un poco también de convivencia entre los asistentes. Al final nos anotamos nueve para esta actividad.
El lugar elegido, pertenece a un Parque natural cerca de Roma, próximo a Tívoli, donde antes había visitado las Villas D’Este  y Adriana. El monte elegido fue el Gennaro, que indica unos 1221 metros sobre el nivel del mar, pero su ascenso es  de más o menos 500 metros. Desde donde es posible iniciar la caminata, hasta la cima se invierte poco más de una hora. Pero en esta ocasión el camino (por aquello del lodo y las piedras), a causa del clima que se había tenido un día antes con lluvia, merecería un poco más de atención. Incluso media hora después de que habíamos llegado a la meta, comenzó un clima frío y con un poco de agua. Los escenarios, por supuesto, fueron bellos, en nada demeritó la lluvia.


La convivencia resultó agradable. Pero me gustaría destacar una experiencia, que al vivirla pensé de inmediato poderla después anotar –como lo estoy haciendo en este momento-. Resultó, que cuando habíamos llegado a la mitad del camino, donde se abría un amplio y hermoso valle, desde donde podíamos vislumbrar la cima, se lanzó la pregunta: ¿Quiénes se animan a llegar hasta allá? Y es que había la posibilidad de permanecer en ese sitio, a disfrutar del lugar –que en verdad era un descanso para el espíritu- o caminar lo que faltaba para alcanzar el punto más alto (algo que merecería en las condiciones del lugar y de quienes lo hiciéramos algo así como 30 ó 40 minutos más, en lo que representaba lo más exigente del paseo).
Por un momento lo pensé: “Ya estoy agotado; estaría bien quedarse aquí y esperar; no sería el único –el diácono que acompañaba esperaría abajo pues tenía un malestar en una pierna-; ya valió la pena llegar hasta aquí…”.


Pero también vino el pensamiento más importante: “¡Perdería la oportunidad de contemplar desde la cima!”. En ese momento, me sentí llamado a cumplir la misión hasta el final: ¡A esto venimos!
Paso a paso, el cansancio crecía y entraba un poco de desaliento pues la meta no era visible. Sin embargo, por la necesidad de caminar en grupo a fin de no perder el camino correcto, había que llevar un cierto ritmo. Ya casi al final, cuando los primeros habían logrado el objetivo, cuando era visible la cruz que está instalada en la cima, tuve el pensamiento confortante de que era nada lo que me separaba de llegar a descansar, a comer, contemplar el panorama y poder decir: ¡lo logré!


Ese último tramo fue quizás el más seguro, el más disfrutado, el más especial. Quise en ese momento recordar tantas vivencias que me parecían semejantes a esta experiencia de llegar a la cima: sea el camino al sacerdocio, los estudios, el asunto de la enfermedad-salud, la solución de algún problema o la superación de una pena, etc. Después pude recordar, que razón tenía nuestro Señor de aprovechar las colinas, montañas, caminos… especialmente para decirnos que el camino a la Eternidad tiene algo de esto: caminar, subir, cansancio, esfuerzo, ánimo, desánimo, acompañamiento, convivencia, etapas, satisfacción, etc.

Pues, me resultó un buen momento deportivo y de reflexión. Ya vendrán nuevas experiencias. Mientras ojalá esforcémonos por alcanzar la cima de la “montaña” de la vida (humana-cristiana), pues el “panorama desde ahí es/será maravilloso”.

jueves, 18 de octubre de 2012

Nuevo Año Académico... Año de la fe


Roma, 18 Octubre 2012

Hemos comenzado en la Universidad de la Santa Cruz en Roma, un nuevo año académico. La primera Autoridad (El Gran Canciller) por participar en el Sínodo de los Obispos, no pudo celebrar como es tradición la Misa de Inicio -el pasado lunes ocho de este mes-. La Misa la ha presidido el Vice Canciller de la Universidad (Mons. Fernando Ocáriz) y tendremos hasta el cinco de noviembre el Acto académico solemne que se realiza al inicio de cursos.


Quiero destacar de la homilía que nos fue dirigida algunos puntos que me hacen comprender aún más el valor de ofrecer mi estudio y asistencia a la Universidad este año:
1.- Siendo el contexto el Año de la fe, se meditó un texto del Profeta Ezequiel (36,26-27). Reconociendo que el Espíritu Santo nos incorpora a Jesús según el plan de Dios Padre, por ello tenemos la obligación de confesar la fe con palabras y obras.  El Papa en la invitación a vivir este tiempo de gracia indica que la renovación de la Iglesia pasa a través del testimonio de cada uno de nosotros: debemos ser “protagonistas” del Año de la fe por el buen testimonio, las buenas obras.
2.- En este Año de la fe que veamos renovar la fe en el amor de Cristo que se da por todos, especialmente al contemplar el Misterio de la Cruz y de la Eucaristía. Son dos aspectos que no nos pueden faltar en la vida, en el curso de este Año de la fe y Año Académico. La participación en la Eucaristía y la adoración de la misma son muy fáciles de comprender, lo que resulta tantas veces un “misterio” –no por complicado sino por su grandeza- es la Cruz de Cristo en nuestras vidas. Pero sean nuestras sus palabras y lo serán sus promesas: “tomen su cruz de cada día y síganme y heredarán la vida eterna”.
3.-  La fe es absolutamente necesaria en el estudio de la teología y las demás ciencias eclesiásticas (por supuesto que debo pensar esto del estudio del Derecho canónico). No se puede hacer el estudio sin fidelidad a la Revelación, transmitida por la Sagrada Escritura, por la Tradición viva de la Iglesia e interpretada por el Magisterio. No olvidar: “se estudia bien cuando la materia de estudio se hace materia de la oración”. Somos invitados con la fe y la oración a empeñarnos según nuestra posibilidad y capacidad a mejorar día a día el “intelecto de la fe” con el uso adecuado de la inteligencia (será lo señalado por Juan Pablo II: fe y razón). Debemos sentir, en modo vigoroso y pleno de alegría, la íntima tensión de la inteligencia informada de la fe, que mueve a conocer siempre más profundamente aquello que se cree: “aprender a pensar en la fe y desde la fe”.


Al escribir este comentario, han pasado prácticamente dos semanas de labor académica. A la luz de lo antes citado, en este segundo año tengo la oportunidad de participar en materias como: Derecho canónico del matrimonio y de la familia, Derecho Patrimonial canónico, Derecho Procesal canónico, Derecho de la persona, Derecho de las relaciones Iglesia y Sociedad civil. Desde el comienzo se muestran estas asignaturas de grande valor práctico y de servicio en la Comunidad cristiana que busca vivir la justicia y participarla a los demás.



Espero a todos nos diga algo el Año de la fe. Por ahora me permito solo decir una frase que me a parecido importante: “no se trata de triunfalismos”. Y es que podríamos hablar y hablar de la fe, sin empezar por revisar, corregir, adecuar, mejorar, madurar, crecer, compartir… la fe, desde su esencia: “creer en Dios, revelado en Jesucristo” y “vivir unidos en el amor a Él”. Buen año –de la fe y en la dedicación sea al estudio que al trabajo-.